Luis Hernández (1941-1977), considerado uno de los mayores poetas de su generación, llegó a publicar en vida solo un trío de breves poemarios a principios de la década de 1960. A partir de 1965 optó por un sistema de creación marginal que consistía en crear cuadernos artesanalmente, con variados y cuidadosos recursos gráficos, e ir regalándolos desaprensivamente, cual muestras de un arte efímero que no condescendía a la edición ni siquiera a la lectura. El poeta no guardaba copia de estos cuadernos, que solían repetirse parcialmente y no siempre poseían una estructura. Esta actitud ante la creación, al lado de diversos elementos llamativos de su vida personal, consiguieron para el poeta una rápida y no deseada mitificación.

En su poesía son constantes los elementos coloquiales, irónicos, urbanos y las referencias y citas cultas. La poesía de Hernández se caracteriza por un tono aparentemente muy ligero, un recuperar elementos poéticos de la cotidianidad y un trascendente desenfado que le ganó un numeroso público. Si bien se han realizado dos importantes compilaciones de su poesía en 1978 y 1983; aún hay un gran trabajo de edición por hacer con sus textos, muchos de los cuales, como hemos dicho, se repiten con variantes.

Se ha dicho que los cuadernos de Luis Hernández sumaban más de un centenar. Las peripecias que han sufrido han causado que buena parte de ellos actualmente se haya perdido o deteriorado.

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